Había una vez un joven estudiante de
ESO que tenia 14 años, mas bien aquel 11 de febrero era el día de
su cumpleaños, el muchacho se llamaba Jose, y había invitado a unos
cuantos amigos a su fiesta de cumpleaños, aquella tarde fueron al
paintball donde tuvo lugar la fiesta.
A la fiesta acudieron todos los
invitados con sus regalos, Jose espero a que llegasen todos los
invitados para ir a jugar. Cuando todos estaban se dirigieron a los
vestuarios y se pusieron el equipaje para entrar en la sala y que un
hombre que trabajaba allí les enseñara como se juega, aunque ya
hubieran jugado anteriormente y supieran como funciona. Al cabo de un
rato de cambiarse salieron todos juntos y se dirigieron donde
jugarían a paintball, al cabo de unos largos 10 minutos de
explicación para que todo fuera bien (muchos de los niños solamente
asentían con la cabeza, no escuchaban) , de seguida entraron todos a
la zona donde iban a jugar la partida, se colocaron un equipo en cada
lado de la pista. Nada mas empezar la partida, a Juan se le cayeron
todas las bolas del arma al suelo, y como no había escuchado la
explicación no sabia que no se podían recoger, porque se quedaban
llenas de suciedad y piedrecillas que al ser disparadas a un enemigo
le podía hacer muchísimo daño, incluso matarle con mucha mala
suerte. Juan recogió el máximo de balas que pudo y se puso a jugar,
vio a un enemigo a lo lejos y empezó a disparar-le y una de esas
balas tenía una piedrecilla y le dio en la pierna y le hizo sangre,
otra solo con suciedad le dio en el estomago y una piedra de tamaño
mediano salió disparada hacia el y le dio en un pulmón el pobre
niño empezó a tener mucho dolor y le costaba respirar, enseguida
entraron los hombres que vigilan la partida y llamaron a la
ambulancia.
El niño estuvo una semana ingresado y
cuando salió no pudo tener una vida normal como la de todos los
otros niños.